Los albaricoqueros ya están en flor. Este año tampoco espero una gran cosecha, pues al ser un árbol semidesértico, el exceso de lluvia invernal reduce su producción. Me temo que muchos ejemplares podrían morir debido a la proliferación de hongos en las raíces por el encharcamiento.
Sin embargo, no hay mal que por bien no venga: el agua mantendrá a raya al gusano cabezudo. Sus larvas habitan en el suelo y devoran las raíces de perales, ciruelos y melocotoneros, aunque su favorito es el albaricoquero. Hoy mismo he visto a los primeros adultos tomando el sol; son escarabajos con una coraza casi impenetrable, cuyo nombre se debe al gran tamaño de su cabeza en fase larvaria.

Al pasar gran parte de su ciclo bajo tierra, es un insecto difícil de combatir, pero el suelo encharcado frena su desarrollo. En fin, cosas del campo; ya lo dice el refrán: «Nunca llueve a gusto de todos».
Es un espectáculo ver el árbol así de florido, pero en la agricultura, la preocupación por la cosecha futura a menudo nos impide disfrutar el presente. Espero que estas líneas os ayuden a conocer mejor este frutal y a mí me sirvan para olvidar la incertidumbre y aprender a vivir más el ahora.

Más sobre este tema
Suscríbete a nuestro boletín informativo
Publicamos periódicamente historias sobre el trabajo de nuestros miembros y la historia de la agricultura en España. Si quieres conocer más historias, suscríbete a nuestro boletín informativo.
Antes de hacerlo, lee por favor nuestra política de privacidad.


